lunes, 3 de diciembre de 2012

Una pequeña historia


Esta es mi historia. O quizás mejor dicho un resumen de ella. Todo el mundo me ve sonreír pero ellos no saben lo que se esconde tras esa sonrisa. Las penurias, lágrimas y tristezas que habían poblado mis días. Mi vida no empezó bien, para qué mentir… Mi madre estuvo a punto de irse en mi nacimiento, los médicos daban todo por perdido, y decidieron primero luchar por mi vida que por la suya. De repente todo cambió. Las lágrimas se convirtieron en sonrisas, la esperanza, la fe, la ilusión, la alegría invadieron el corazón de toda mi familia, porque sí, se salvó.

A los pocos meses, mi abuelo materno sufrió un derrame cerebral repetidas veces, lo que condujo a una parálisis del lado izquierdo del cuerpo, a una incapacidad para andar y a una imposibilidad de hablar. Nunca he podido escuchar su voz, o al menos no la recuerdo. A pesar de que mi madre y mi tía apenas lo conocían, lo cuidaron, mimaron, y querieron porque era su padre aunque el no hubiera estado ahí para ellas cuando se le necesitaba. Mi abuela fue diagnosticada de cáncer hace 2 años y medio. El día que la operaron no se me borrará de la memoria. Estaba en clase, mirando el reloj, y pensaba: “Ahora se está despidiendo”, “ahora acaba de salir del quirófano”. Un día interminable. Pero todo fue bien, o al menos eso era por aquel entonces. Tras meses y meses de quimioterapia, estaba curada. Aunque un tiempo después, volvió a recaer y eran múltiples los tumores que aparecían en diferentes lugares de su cuerpo. En un principio, a mi no me querían decir que le pasaba realmente a mi abuela, lo tuve que averiguar, y no sería menos en está ocasión. Se me cayó el mundo encima cuándo me enteré de que era terminal, que empezaba la cuenta atrás para dejar de ver su sonrisa cada día. Nunca lloré delante de nadie, muy pocos sabían por lo que estaba pasando,  quizá hubiera necesitado más apoyo en todo ese tiempo, pero no era algo relevante para mí en aquel entonces. Era ver su sonrisa, y su mirada perdida y que sólo existiera ella, y me daban ganas de abrazarla y decirle: “Abuela, estaré aquí contigo siempre”. Estuve con ella hasta el último de sus días, ella siempre quiso que saliera en la televisión cantando y me hiciera famosa, en vez de hacer gimnasia rítmica. Era, o es, una mujer muy fuerte, cuidó de sus cinco hijos ella sola, tenía temperamento de hombre, y estaba tan irreconocible, tan diferente a como era…

A pesar de todo aquello que me pasaba, siempre iba a clase con una sonrisa, con ganas de aprender, de hacer sonreír a mis amigos. He de decir, que en el colegio sufrí cierto tipo de acoso por parte de mis compañeros, y nunca nadie lo supo. Se dedicaban a insultarme todos los días, a gastarme bromas, a usarme como un muñeco de feria, y nadie me defendía, estaba sola. Pero seguí. Mis padres siguen sin saberlo, prefiero ahorrarle ese sufrimiento innecesario. No le tengo rencor a esos chicos, pero quizás no sabían que aunque probablemente eso para ellos eran bromas, a mi me cambiaría radicalmente. Mi forma de ser, está condicionada inevitablemente por aquellos horribles episodios. Cuándo ya era más mayor, y mi abuela estaba enferma, yo seguía haciendo sonreír a mis amigas, aunque alguna que otra vez me llevara una reprimenda, causa del agobio que producía segundo de bachiller. Nunca le levanté la voz a esa chica, me callaba y ya. Y seguía estando ahí haciéndola sonreír a pesar de que yo, seguramente estaría peor que ella. Sé que no soy perfecta, al igual que nadie lo es, soy una muñeca defectuosa como todo el mundo, pero intento hacer todo lo que esté en mi mano por la gente que quiero.

Siempre he sido una chica pesimista, negativa, especialmente aquellos años. No había semana en la que no  estuviera mal, en la que no derramara lágrimas en mi almohada. Tenía mucho malestar interior, eran muchas cosas para mí. Maduré a base de golpes y caídas. Muchas veces no me sentía querida, creía que toda mi intención de hacer feliz a la gente que me importaba, era en vano. Esto era 2011 para mí. Un año que acababa como otro cualquier, con lágrimas en los ojos, angustia en mi pecho, un vació inmenso en mi corazón, y millones de sentimientos y rabia contenida.

Empezó este año. El mejor y el peor de mi vida a su vez. Perdí a mis dos abuelos maternos en dos meses y medio. Es imposible de explicar aquel sufrimiento que tenía, no sabía como era perder a un ser querido hasta aquel entonces, en que la vida se llevó a dos de las personas mas importantes de mi vida. En el tanatorio si lloré, como la que más. Especialmente el 19 de Mayo, que ya no sabía si lloraba por ella o por otra cosa. Ese día, mi padre me partió el corazón. El se llevaba con mi abuela como el perro y el gato, siempre picándose el uno al otro. Llegó un momento en el que me detuve enfrente de el, no había llorado, había estado con mi madre en todo momento. Y le dí un abrazo, se que lo necesitaba. Me susurró: “Yo la quería mucho” mientras lloraba. Hice de tripas corazón, no lloré, ni me derrumbé, le dije: “Ya lo sé, yo también”.

Estaba siendo el peor año de mi vida indudablemente. Aunque yo estaba cambiando ya no era tan pesimista ni negativa como el año anterior, gracias a un amigo que siempre me escuchaba y que a pesar de estar lejos sabía como hacer que sintiera que estaba conmigo. El me ayudó, pero no fue la persona que dio un giro de 180 grados a mi vida.Ahí cambió todo. Ese chico me quería y quizás yo no lo supe valorar en un principio, no me quería hacer a la idea quizás, pero supo como ganarse cada centímetro de mi corazón. Estuvo conmigo en todo momento, muchas noches hablando hasta la madrugada aunque tenía clase. Muchas sonrisas y palabras. Millones de sentimientos que iban apareciendo. Al principio dudaba, pero me dí cuenta que le necesitaba como al respirar. Que si no hablaba con él sentía que me faltaba algo, que era capaz de sacarme nuevas sonrisas, y de alegrar mi vida. Fueron todos esos momentos tímidos del principio, esas risas tontas que teníamos y que aun conservo, ese abrazo de un siete de julio. Millones de cosas en poco tiempo. Y quizá él no llegue a entender que no miento cuándo digo que es uno de mis sueños, que ha dado luz a todos mis días, que lo cambió todo, que es súper importante para mí, que se me sigue acelerando el corazón cuándo le veo, y que me falta algo si no le tengo. Que no lo quiero, que lo amo, que no es un simple chico, que es ese chico que supo como hacerme feliz, hacerme soñar, sentirme una niña, y que lo sigue haciendo. Que esto es mucho más grande de lo que puedas estar imaginándote ahora. Cree todo lo que te digo, porque sale de lo más profundo de mi corazón, y que mientras lo escribo lloro, y no de tristeza. Que por cada lágrima derramada en años anteriores me ha sacado miles de sonrisas. Que soy una afortunada al tenerte, que no creo que hubiera mejor persona que tú para enseñarme a amar. Que me gusta nuestra historia, con buenos y malos momentos, me gusta el brillo de tus ojos al mirarme, me gusta tu sonrisa, tus abrazos, tus formas de picarme, que me gusta todo de ti, y podría seguir diciendo más. Date cuenta de que esto es la pura verdad, que lo cambiaste todo y que estoy siendo completamente sincera sin exagerar. Te quiero mucho más de lo que te puedas llegar a imaginar algún día. 


1 comentario:

  1. Nuria, me has hecho llorar... Gracias por seguir mi blog porque así he descubierto el tuyo. Me siento identificada contigo en algunas cosas. Espero que escribas más a menudo y que me pueda seguir apoyando en tus palabras. Un beso y mucho ánimo.

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